Las arpías vuelan sobre Manhattan
Ya no habitan el cilicio de la bahía. Me han abandonado. Mil ojos de grajos enfermos. Mil hojas en el aire de Manhattan. Drásticos nimbos sin alma que apenas respiran. Las arpías vuelan sobre Manhattan. Una mañana fría. Os alcanzan. Os devoran. Espías de un orden desigual. Hablan del porvenir. Invocan la algarabía. Cantan sobre el corazón de los iluminados. Con vírgenes de acero en la voz. Me han abandonado. Mil ojos de jóvenes arqueros. Mil labios de mujeres moribundas. Las arpías vuelan sobre Manhattan. Una mañana de cierzo. Ocultad vuestros sudarios. Habitantes de Caístro. Hijos de la muchedumbre. Os entrego estas débiles manos desgarradas como ofrenda para vuestro día de sacrificio. Una arpía. Otra arpía. Sobre el corazón de los iluminados. Mil ojos de grajos enfermos. Mil ballestas sobre los muros de la ciudad. En la polvareda, un semblante de hombre. Vosotros cantáis este himno de hijos desesperados. Un labio. Otro labio. Con vírgenes de acero en la voz. Para que las arpías devoren otro atrio con la gloria de los huérfanos. Para que las ventiscas os escondan entre las armaduras. Las arpías vuelan sobre Manhattan. Mil ojos de jóvenes arqueros. Mil niños sobre vuestras nubes de hierro. Tomad también mi capa. Habitantes de Caístro. Para que gritéis en medio de la multitud. Ya no estoy en esta torre de hijos decapitados. Tomad el candelero. Celebrad. Para que las arpías degüellen otras ventanas con la gloria de los mártires. Las arpías vuelan sobre Manhattan Una mañana de vitrales lacerados. Algún ángel sobre la techumbre. Cantad el día de la víspera. Marchad. Mil ojos de grajos enfermos. Mil hojas en el aire de Manhattan. Drásticos nimbos sin alma que apenas respiran.
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